Envases de plástico: problemas y ¿soluciones?

La inmensa mayoría de los envases que utilizamos para contener alimentos son de plástico. La razón es que son materiales muy versátiles, que pueden dar lugar a envases de todos los tamaños, formas, colores, resistencias, etc. La industria alimentaria lleva muchísimo tiempo utilizándolos, y se han convertido en un elemento prácticamente omnipresente. 


Comida Rápida, Ensalada

Según AECOSAN (la agencia española que se encarga de la seguridad alimentaria), "los materiales plásticos son aquellos que están constituidos exclusivamente por materias plásticas o consisten en varias capas plásticas unidas. Pueden estar impresos o recubiertos con un revestimiento y pueden formar parte de materiales y compuestos multicapa multimaterial, incluyendo las juntas de tapas o cierres".

Pero, para no perdernos mucho, hablemos de los tipos de plástico más comunes que utilizamos en los alimentos. Empecemos con la lista (1):


plástico
símbolo
características físicas
usos
reciclable
polietileno tereftalato (PET)
plástico ligero, semirígido o rígido, resistente a los impactos
refrescos, bebidas, agua en formato individual, salsas, vitaminas, botellas de aceite vegetal
polietileno de alta densidad (HDPE)
plástico opaco y duro, liviano pero resistente
contenedores para leche y jugos, botellas de vinagre, recipientes de jarabe de chocolate, bolsas de compras
cloruro de polivinilo (PVC)
resistente biológica y químicamente
retractilado de diversos productos, envasado en blísteres (envasado que posee una cavidad o hueco), como envases para goma de mascar y fármacos
polietileno de baja densidad (LDPE)
más delgado que otras resinas, posee una mayor resistencia al calor
resistencia y flexibilidad
aplicaciones de películas plásticas que requieren termosellado, aplicaciones rígidas, tapas de las latas de café, bolsas para el pan, anillos de sujeción para los packs de refrescos, bolsas para frutas y vegetales que se usan en las tiendas de comestibles
polipropileno (PP)
plástico algo rígido, menos frágil que otros plásticos.
translúcido, opaco o de un color diferente cuando se fabrica
punto de fusión alto
apto para el envasado de productos usados en el horno de microondas o en el lavavajillas, recipientes de yogur, jarabe de arce, queso crema y crema agria, frascos de medicamentos
poliestireno (PS)
plástico incoloro y duro sin mucha flexibilidad
Se puede convertir en espuma o volcar en moldes para ser moldeado
cucharas de plástico o tenedores, tapas de plástico, bandejas para alimentos y panificados, recipientes y tapas para comidas rápidas, recipientes calientes y cartones de huevos
otros
resina plástica diferente a los seis tipos de resinas mencionadas anteriormente

En los envases fabricados en estos plásticos, podemos encontrar los siguientes símbolos (fuente (2)):


el envase es apto para estar en contacto con los alimentos
ese envase se puede reciclar
la empresa que ha empaquetado el producto cumple con la normativa de gestión de residuos de envases
informa sobre la importancia de depositar el envase en el contenedor apropiado
informa sobre el tipo de plástico utilizado en la fabricación del envase

El problema con los plásticos


Según un artículo de BBC Mundo (para verlo completo, podéis pinchar aquí (3)), los datos de vertidos anuales de plásticos son bastante alarmantes. Sólo por ver algunos datos:

- hasta 2015 se generaron aproximadamente 6300 millones de toneladas de residuos de plásticos, de los cuales se reciclaron el 9%, se incineraron el 12%, y el 79% se destinó a vertederos, o está depositado en parajes naturales
- cada minuto se compran un millón de botellas de plástico, de las que menos del 50% se reciclan, y sólo el 7% se convierten en nuevas botellas
- en los océanos hay zonas en las que, debido a las corrientes, se forman grandes acúmulos de residuos de plástico, con el impacto ambiental que ello supone
- la vida de un envase de polietileno está en torno a unos 50 años, y la de una botella de plástico sube a unos 450 años

No me extenderé más en este tema, ya que no es el objeto de esta entrada. En caso de querer saber más cosas, os remito al artículo de BBC Mundo.

También hay que mencionar, en otro orden de cosas, los problemas de cesiones de los envases a los alimentos que los contienen (cesión significa el paso de sustancias contenidas en el plástico al alimento que contiene, que en algunos casos tendría repercusión para la salud).

Como todo lo que utilizamos en alimentación, una de las claves para elegir el material en que se fabrica el envase es su seguridad. Es por esto que no todos los plásticos que podrían utilizarse por sus características físicas están autorizados, antes deben haber demostrado que no van a provocar daño en el consumidor.

Para aclarar esta cuestión, la Comisión Europea dicta qué sustancias pueden utilizarse para formular los plásticos que ven a entrar en contacto con los alimentos. Este tipo de normas (en concreto la que ahora está vigente es el Reglamento (UE) n ° 10/2011 de la Comisión, de 14 de enero de 2011, sobre materiales y objetos plásticos destinados a entrar en contacto con alimentos (4)que podéis consultar pinchando sobre él) se llaman listas positivas.


Una lista positiva (las utilizamos para plásticos, pero también para aditivos, por ejemplo) recoge todas las sustancias autorizadas para un uso determinado, y nada más que ellas. Esto quiere decir que lo que no sale en la lista no está autorizado, y por lo tanto no se puede utilizar. También tenemos normas para su correcta fabricación (5), y sobre los ensayos que hay que realizar sobre los plásticos que fabricamos para los envases, para comprobar su seguridad. Y todas estas normas incluyen revestimientos, adhesivos y tintas empleados en la fabricación y marcado de envases alimentarios.

El reciclado del plástico

Pese a los datos antes mencionados, hoy por hoy, se sigue invirtiendo en el reciclado del plástico, ya que su sustitución en el envasado de productos procesados es complicada. El plástico nos da posibilidades que pocos otros materiales nos ofrecen: transparencia, resistencia, versatilidad en colores, tamaños, consistencias, impermeabilidad, etc. Es muy difícil de sustituir, pese a que está claro que es un problema.

El proceso de reciclado es común en algunas partes del proceso a los diferentes plásticos, y en otras etapas es diferente, dependiendo del material que los forman. Os dejamos el proceso resumido en una infografía, hecha con datos de Ifysa (2) y Cicloplast (6).


En el uso de plástico reciclado que vaya a entrar en contacto con alimentos de nuevo, la EFSA (agencia europea de seguridad alimentaria) establece las condiciones para ello, ya que se debe asegurar la inocuidad para el consumidor.
Toda la información, así como la normativa, la poséis consultar en la web de la EFSA, en el siguiente enlace (7).

Alternativas al uso de plástico en los envases de alimentos

Hay unas cuantas opciones que conocemos mejor, como el uso de vidrio o papel y cartón (hay que tener en cuenta que el uso de madera está muy limitado en la industria alimentaria, debido a que es muy porosa), pero sus usos están muy delimitados, y no son exportables en todos los casos, debido a sus propias características.

Así rápidamente, el papel y cartón no son impermeables ni al agua ni a gases, lo que limita bastante sus usos, y el vidrio tiene el riesgo de las roturas, por lo que el plástico cubre mejor muchos usos a los que lo destinamos (repito, sabiendo perfectamente que es un problema, y que hay que buscar soluciones). 

El tema de las bolsas se ha estado intentando paliar sustituyéndolas por bolsas reutilizables (en rafia, por ejemplo), o por bolsas de papel (reutilizables o no). Pero hablamos en todo momento de bolsas de transporte, no de envases que están pensados para contener el alimento, y no sólo eso, sino que además van a sufrir procesos de tratamientos térmicos, por ejemplo, o que se pueden termosellar, entre otras cosas.

De momento, este tipo de esfuerzos están encaminados al uso que hace el consumidor de estas bolsas, reduciéndolo (cobrando las bolsas, potenciando el uso de bolsas reutilizables), y la última noticia que tenemos en ese sentido es la posibilidad que ofrecerán algunos supermercados (por ejemplo Carrefour) de que los clientes aporten sus propios recipientes para algunos productos. Podéis leer la noticia pinchando aquí (8).

Si pasamos a hablar de tecnología de envases, las opciones son otras: estudios de biodegradabilidad, uso de nanomateriales para poder minimizar la cantidad de plástico utilizado para no perder prestaciones, análisis del ciclo de vida de los envases...

Para tener más información, se pueden consultar los proyectos en desarrollo de ITENE (INSTITUTO TECNOLÓGICO DEL EMBALAJE, TRANSPORTE Y LOGÍSTICA) pinchando en el siguiente enlace (9).

Y poco más, que es un campo en el que hace falta mucha investigación, y trabajar para que el nivel de reciclado aumente. 

Fuentes:



Dudas de clase: de vinos azules, pigmentos, y batallas legales

Mi primero del grado superior promete. O eso creo, yo de momento me lo estoy pasando muy bien en clase con ellos, y ellos parece que también. Ya veremos cuando los examine un par de veces... pero eso es otra historia.

El caso es que el viernes estábamos hablando en Tecnología Alimentaria sobre pigmentos de los vegetales, y salió el tema de la vinificación, y los colores de los vinos, cuando alguien preguntó: "¿Y el vino azul?" 
He de explicar en este punto que yo no suelo beber vino, así que la pregunta me pilló totalmente fuera de juego. Ni idea de lo que era el vino azul. Por suerte, varios de ellos lo conocían, y me dieron alguna marca, para buscar información, para poder ver cómo se elabora, que era nuestra duda.

Fuente: https://giklive.es/producto/gik-blue-vino-azul/

Así que en ello estoy, y resulta que el vino azul tiene una historia detrás bien curiosa, hasta el punto de que no le podemos llamar así. ¿Y eso por qué? Pues si seguís leyendo os lo cuento.

Veréis, en el mercado, podemos encontrar vino blanco, tinto y rosado. Supongo que sabéis que el vino se produce por la fermentación de mosto de uva, llevada a cabo por la levadura (Saccharomyces cerevisiae), que consume los azúcares del mosto para transformarlo en CO2 y etanol, además de calor. 

Y el color de los vinos se adquiere de la piel de la uva, que en vinificación se llama hollejo. Pues bien, en los hollejos hay diferentes pigmentos que son solubles en agua, así que cuando rompemos la uva para extraer el mosto, si dejamos durante un tiempo el mosto en contacto con los hollejos (lo que llamamos maceración), parte de esos pigmentos pasan al mosto, y permanecerán en el vino después de la fermentación, dándole su color característico. 

Esto presenta un problemilla (no podía ser tan fácil), porque también hay otros compuestos que se extraen al mosto (los taninos), que comunican astringencia al mosto, y en consecuencia al vino.

Paréntesis: la astringencia es una sensación áspera en la boca, típica de ciertos vinos. Es la sensación que da en la boca el caqui, o las peras verdes. También la piel de uva, o las pepitas, si las mordéis. Por eso hay que tener cuidado de no romper las pepitas de la uva al prensarla para obtener el mosto, para no tener un mosto demasiado astringente.

Bueno, a lo que íbamos, los pigmentos del vino (para más información, abrir el enlace (1)).  Fundamentalmente, hay dos tipos de pigmentos presentes en la piel de las uvas que contribuyen al color del vino. Ambos son de la familia de los flavonoides, y son:

- flavonoles: responsables del color amarillo de la piel de la uva blanca (aunque también está presente en la uva tinta)

- antocianos: proporcionan los tonos rojizos y azulados a la uva tinta, aunque con el tiempo pueden oxidarse y dar tonos pardos a los vinos añejos. Por eso, tanto los vinos blancos como los tintos que han envejecido presentan colores más pardos que los jóvenes.

Así, los vinos tintos resultan de mostos macerados de uvas tintas, y los vinos blancos resultan de mostos de uvas blancas, pero también tintas, si se ha separado el mosto de los hollejos pronto, para que no adquiera los pigmentos de la piel. ¿Y el vino rosado? Pues fácil: el vino rosado se obtiene por mezcla de los dos anteriores.

Pero vamos con el vino azul. ¿Cómo aparece?

En 2016, la empresa AZTI Tecnalia, con la colaboración de la Universidad del Pais Vasco, desarrollan un producto nuevo: una base de vino de uva blanca y también tinta a la que se añade antocianina (es decir, que el pigmento se añade como aditivo, no procede de la piel de la uva) y también indigocina (2). 

Fuente: El Mundo

La indigocina (también indigotina o carmín de índigo, o  E132 (3)) es un aditivo alimentario de color azul, que originalmente se obtenía a partir de la savia del arbusto Indigofera tinctoria, pero que actualmente se obtiene por síntesis. Es un pigmento azul, que presenta este color a un pH entre 11 y 13, mientras que a partir de 13 vira a amarillo.

Por lo tanto, el color del vino azul resultante no se debe a los pigmentos naturalmente presentes en la uva, sino a pigmentos añadidos por el fabricante. A este producto se le llamó vino azul, y la marca bajo la que se comercializó (y aún se hace) es Gik (4).

¿Y dónde está el problema? El resto de vinos toman su color de los hollejos de la uva, a diferencia del nuevo producto, y además, los fabricantes comercializaron el vino con la denominación de producto "vino azul". 

La denominación del producto en alimentación es el nombre de ese producto (ojo, no la marca), que suele estar regulado en la normativa. Para poder llamar a tu producto "vino", o de cualquier otro modo, "leche", o "jamón cocido", debes cumplir con la normativa que regula ese producto, y esa denominación en concreto debe estar descrita en esa normativa, junto con los requisitos que debe cumplir. Y la denominación "vino azul" no existe. Así de simple.

La industria del vino llevó a los tribunales esta cuestión, y ganó en 2017. 

Ganó porque El término de ‘vino azul’ no se encuentra entre las 17 categorías de productos vitícolas mencionadas en el Anexo VII parte II del Reglamento 1308/2013 de 17 de diciembre de 2013 (5). Lo más parecido es ‘vino’, pero no existe ‘vino azul”. (6)

La sentencia estableció que la denominación del producto debía ser 99% vino, 1% mosto, y de hecho, en la web de los fabricantes, aparece lo siguiente:

Fuente: https://giklive.es/producto/gik-blue-vino-azul/
A la sombra de Gik han ido apareciendo otro productos similares, bajo varias marcas. Aquí en Valencia se fabrica El Pescaíto, de bodegas Vicente Gandía, que comercializa Mercadona. Si consultamos la página del fabricante , podemos comprobar que en ningún momento se llama vino al producto, porque legalmente no pueden.

Fuente: https://www.vicentegandia.es/es/producto/el-pescaito-azul/
Así que ésta es la historia del ¿vino? azul. Habrá que probarlo, vamos, digo yo.

Fuentes:

(1) http://www.acenologia.com/cienciaytecnologia/quimica_color_vino_cienc1213.htm
(2) https://vinosdiferentes.com/vino-azul/
(3) https://es.wikipedia.org/wiki/Carm%C3%ADn_de_%C3%ADndigo
(4) https://giklive.es/producto/gik-blue-vino-azul/
(5) Reglamento (UE) nº 1308/2013 del Parlamento Europeo
(6) http://vdevendimia.com/2017/05/10/el-vino-azul-

Un lío de la leche (lo que hace la industria... y lo que no)

Si seguís las noticias (alimentarias o no), supongo que habréis leído la que se ha liado con leche. Si no, os hago un resumen corto: en Cataluña se acaba de aprobar una normativa que permite  a ganaderos y a distribuidores comercializar, bajo ciertas condiciones, la leche cruda, esto es, sin tratamiento térmico, lo que hasta este momento no se podía hacer.

¿Y la leche fresca que se vende en alguno dispensadores, o en los lineales de los supermercados? Pues aunque se llame leche fresca es leche pasteurizada, porque era obligatorio tratarla térmicamente antes de su comercialización.

No me voy a extender con la normativa. Podéis consultarla aquí, y algunas personas que divulgan sobre seguridad alimentaria, como Gemma del Caño (@farmagemma), Miguel Ángel Lurueña (@gominolasdpetro) o Beatriz Robles (@beatrizcalidad) ya han explicado cuál es su postura al respecto, y podéis consultarla pinchando en sus nombres. (1)

Por esa razón, yo no escribiré aquí sobre la norma ni sobre su aplicación práctica, ellos ya lo han hecho, y comparto su opinión de que es un riesgo innecesario, a la vez que como medida económica, que es como se ha motivado, no sé si va a ser muy efectiva. Sobre economía y del sector lácteo tampoco hablaré, principalmente porque no tengo los conocimientos necesarios, y mejor no meterme en jardines.

Entonces, ¿de qué voy a hablar? Pues de algunos conceptos que explican lo que se hace con la leche en la industria, y también lo que no se hace, ya que en estos últimos días he leído muchísimas opiniones muy poco fundadas sobre lo que bebemos con la leche, y si es mejor que los tratamientos los haga la industria o los hagamos nosotros en casa. Porque es algo tan básico, y que he explicado tantas veces en clase, que cualquiera de mis alumnos se estará llevando las manos a la cabeza en estos días.

Y lo publicaré en los dos blogs, el mío y el del centro, porque si saca a alguien de dudas, pues eso que hemos ganado.

Vale, pues empezamos. Primera cuestión: ¿por qué tratar térmicamente la leche? Para responder a eso hay que hablar (muy poquito, no os asustéis) de microbiología. La leche contiene, una vez ordeñada, microorganismos que pueden alterarla (estropearla, para entendernos), lo que sería muy obvio para el consumidor, y no la consumiría, pero también otros que podrían causar enfermedades a la población que la consuma, sin alterarla necesariamente. O sea, que están ahí, no los vemos ni notamos nada extraño en la leche, pero pueden causar problemas de salud al consumidor. ¿Y por qué crecen allí? Pues porque la leche es el medio de cultivo perfecto. Tiene muchísima agua, nutrientes, y un pH muy cercano a la neutralidad, lo que la hace muy acogedora para ellos.

Entre los patógenos que pueden encontrarse en la leche, citaré a Staphylococcus aureus, Salmonella spp, Escherichia coliMycobacterium tuberculosisBrucella abortus, o Listeria Monocytogenes. Si queréis conocer las "bondades" de cualquiera de ellos, sólo tenéis que pinchar en sus nombres (1). Pero en general, nos movemos desde una gastroenteritis más o menos fuerte, a meningitis bacterianas que pueden ser mortales, pasando por una amplia variedad de patologías distintas.

Evidentemente, no nos interesa tener a ninguno de ellos en la leche, por lo cual lo que se hace es intentar destruirlos. ¿Y cómo se hace eso? Pues aplicando calor. Está demostrado que, si aplicamos calor a un alimento hasta alcanzar una temperatura determinada, y durante un tiempo determinado, la población de microorganismos de ese alimento (la leche, en este caso), disminuye, ya que el calor es capaz de destruirlos. Bueno, aplicando calor, y con una serie de medidas adicionales (buenas prácticas en la ganadería, y en las salas de ordeño, buenas prácticas veterinarias, prácticas higiénicas en las instalaciones, y también mantenimiento de la cadena de frío), pero de este modo, lo que hacemos es hacer que el número de bacterias iniciales en la leche sea bajito. Lo que las elimina de verdad es el calor.

Y así llegamos a los dos tratamientos térmicos principales que utilizamos en alimentos (aunque hay más):
- pasteurización (temperaturas en torno a los 100 ºC)
- esterilización (temperaturas más altas, por encima de 121ºC)

Hay un principio general en los tratamientos térmicos, que indica que, para alcanzar la misma tasa de destrucción microbiana, a temperaturas más bajas de tratamiento, se necesita más tiempo, y a la inversa, si subimos la temperatura de tratamiento, podemos utilizar tiempos más cortos. Así que se trata de encontrar el par tiempo-temperatura que alcance la efectividad que buscamos.

Una diferencia importante entre ambos métodos es que las temperaturas de pasteurización no destruyen las formas de resistencia de los microorganismos (la esterilización sí). ¿Y qué es eso? Pues resulta que algunos microorganismos (no todos, por suerte) tienen la mala costumbre de generar una copia de sí mismos cuando se ven amenazados, y rodearla de un montón de cubiertas, que las hacen resistentes a las condiciones del entorno. Si estas condiciones mejoran, estas formas de resistencia (esporas, las llamamos) germinan (sí, como las plantas) y dan lugar al microorganismo completamente funcional. A estas formas, digamos completas, las llamamos formas vegetativas.

¿Que implica esto? Que si esterilizamos la leche con un proceso bien hecho podemos eliminar prácticamente todas las formas del microorganismo (vegetativas o esporuladas, porque alcanzamos temperaturas más altas, y por lo tanto más agresivas), por lo que, siempre que no abramos el envase, consideramos que está estéril, y puede almacenarse y comercializarse a temperatura ambiente

¿Y qué pasa si pasteurizamos? Pues pasteurizando eliminamos las formas vegetativas, pero las esporas no. Y si dejamos que la leche evolucione sin más precauciones, las esporas germinarán y darán lugar a la forma vegetativa de la bacteria, que empezará a reproducirse en la leche, con lo que estaremos en las mismas que al principio. O peor, porque habremos seleccionado a las formas más resistentes, ya que habremos destruido al resto por el calor. ¿Cómo controlamos esto? En la leche, con la cadena de frío. Las bajas temperaturas prevendrá la germinación de las esporas. Por esta razón la leche pasteurizada se comercializa refrigerada, y es así como hay que almacenarla en casa. Y por eso es tan importante no romper la cadena de frío.

Una de las razones para comercializar la leche cruda es conservar el sabor y el resto de características organolépticas como antes de los tratamientos térmicos. Es cierto que el calor es capaz de alterar nutrientes, de forma que se puede afectar el sabor, o la textura. Pero aquí jugamos con una ventaja: del binomio tiempo-temperatura, el factor que más influye en la alteración es el tiempo. Y ¿cómo podemos disminuir el tiempo de tratamiento? Efectivamente, aumentando la temperatura. Y eso es lo que se hace en la industria, tratar de disminuir el tiempo de tratamiento tanto como podamos, para minimizar las alteraciones. ¿Os suenan los tratamientos UHT, o la uperisación? Pues eso es lo que son. Tratamientos a temperaturas muy altas para bajar el tiempo.

La razón de que la leche tratada no sepa igual que la recién ordeñada responde a otros tratamientos que se realizan en la industria, como la homogeneización o la estandarización del porcentaje de grasa o proteínas. Estos procesos están muy bien explicados aquí (también un artículo de Miguel Ángel Lurueña (3)). Son procesos físicos o de mezcla entre diferentes tipos de leche con diferentes contenidos en grasa o proteína. ¿Y por qué la industria estandariza la leche? Pues básicamente, porque si a ti te gusta la leche desnatada Hacendado (???!!!), pues te gusta y quieres que siempre sea igual. Si va cambiando de sabor, o de textura, vas a empezar a pensar que pasa algo raro con ella. Y la industria es muy de estandarizar.

Para vuestra tranquilidad, la leche es un alimento muy protegido por la legislación, en el sentido de que no tiene autorizados un número muy alto de aditivos, y son para casos muy concretos (leches evaporadas, en polvo, etc.), y tienen que ver con leches especiales sometidas a procesos más complejos. Así que nadie nos envenena con la leche, ni nada parecido.

¿Qué pasa con la leche cruda tratada en casa, se queda sin tratamiento térmico? En principio no, ya que es obligatorio que el consumidor la hierva en casa. Pero en casa, a la presión atmosférica, no se superan las temperaturas de pasteurización, lo que nos deja... exactamente, las formas esporuladas. Por eso se habla de hervirla tres veces. Pasteurizo, bajo la temperatura, las esporas germinan, y vuelvo a pasteurizar, así hasta tres veces. 

Suponiendo que el consumidor lo haga así en su casa, claro, que es mucho suponer, y que se respete la cadena de frío y esas cosas. Hablando de la cadena de frío. Algunas de las bacterias que os he mencionado antes son capaces de crecer a bajas temperaturas (Listeria, por ejemplo, la de las meningitis), por lo que cobra mucha importancia que el tratamiento térmico que demos a la leche las destruya.

Otra pega de hacerlo así es que el tiempo en el que la leche está a alta temperatura es mucho mayor que en la industria, por lo que los nutrientes y las características de la leche se afectarán más.

Así que, al menos en mi opinión, no tiene mucho sentido prescindir de la tecnología actual, que asegura mucho más eficazmente el nivel de seguridad necesario, y confiar en que el consumidor proceda como toca, o lo intente, ya que garantizar las temperaturas de frío o del tratamiento térmico durante el tiempo suficiente es muy complicado con los medios que tenemos en nuestras casas. Dejando al margen que los consumidores, a veces, hacemos cosas muy raras. ¿O no? ¿O no habéis consumido nunca nada pasada la fecha de caducidad, por ejemplo? ¿U otras cosas? Pues eso. Que  a lo mejor, intentar mejorar la economía de los pequeños productores se puede intentar de otras formas que no sean bajar el nivel de seguridad alimentaria.

Fuentes: 

(1) 
https://farmagemma.naukas.com/2018/07/19/analisis-del-decreto-163-2018-como-se-va-a-consumir-la-leche-cruda/
https://twitter.com/gominolasdpetro/status/1019783045874937856?s=20
https://twitter.com/beatrizcalidad/status/1021342387287805954?s=20
(2) elika.net
(3) http://www.gominolasdepetroleo.com/2012/04/como-se-procesa-la-leche_14.html